Son las once y media de la noche. Ella ha terminado su capitulo. Cierra la lampara de pie de su habitacion, la de lado norte, donde duerme mejor con la ventana abierta. Cruza el pasillo. Besa a su marido en la frente. El esta a medio leer una biografia de Piazzolla. Ella vuelve a su cuarto. Se duerme a los diez minutos. El tarda media hora. Se levantan a las ocho, desayunan juntos, hablan de la lista del supermercado. Llevan 23 anos casados y cuatro durmiendo separados.
Esta escena escandaliza sobre todo a gente de fuera. Amigos que preguntan, con preocupacion fingida, “pero estais bien, no?”. Como si dormir en la misma cama cada noche fuera el termometro moral de una pareja.
No lo es. Nunca lo fue del todo. Y a partir de cierta edad, pretender que lo sea hace mas dano que bien.
Que cambia en el cuerpo a los 50
Los cuerpos de dos personas de 50 o 60 anos no duermen con la misma regularidad de antes. Empiezan a aparecer cosas muy concretas:
- Sudoracion nocturna, sobre todo en mujeres en menopausia.
- Ronquidos que antes eran leves y ahora cortan el sueno del otro.
- Apnea diagnosticada o no diagnosticada.
- Dolor de espalda o de cadera que requiere un colchon distinto o una postura especifica.
- Despertares a las tres o cuatro de la manana para ir al bano.
- Necesidades de luz distintas para dormirse (ella con la lampara, el a oscuras completas).
- Temperaturas preferidas completamente opuestas.
Ninguna de esas cosas es un defecto. Son cuerpos reales. Pero cuando uno de los dos interrumpe el sueno del otro, el cansancio acumulado se convierte en mal humor durante el dia. Y ese mal humor si estropea una relacion.
El sueno reparador es casi medicina
Lo que empiezan a entender las parejas que deciden dormir separadas es que el sueno es una forma de autocuidado que beneficia directamente a los dos. Un adulto de 60 anos que duerme siete horas bien tiene paciencia, buen humor, ganas de conversar y energia para la intimidad. El mismo adulto durmiendo cuatro horas mal se convierte en otra persona.
Dormir separadas dos o tres noches a la semana, o incluso todas, no es rendirse. Es optimizar.
Lo que no cambia por dormir separados
Este es el punto que muchos pierden de vista: la intimidad no se localiza en la noche. Se localiza en mil otros momentos.
- El desayuno sin prisa.
- La siesta de domingo juntos en el sofa, con el partido de fondo.
- La ducha que a veces compartis los sabados por la manana.
- Los besos de llegada del trabajo, que siguen siendo tres o cuatro.
- El sexo, que ya no ocurre automaticamente porque ambos esteis en la misma cama a las once, pero que sigue ocurriendo porque os buscais a proposito.
Esa ultima diferencia es interesante. Cuando duermes siempre en la misma cama, el sexo se convierte en algo que ocurre por descarte, cuando estan los dos listos a la misma hora. Cuando duermes en cuartos distintos, cruzar el pasillo se vuelve un acto explicito de deseo. Hay gente que ha contado que su vida sexual mejoro cuando pasaron a habitaciones separadas, porque el encuentro dejo de ser inercia.
Como hablarlo sin herir
El problema no suele ser la idea. El problema es decirla. La mayoria de las parejas evita el tema durante anos porque quien lo propone teme ser interpretado como “ya no me quieres”.
La frase que funciona es especifica y no afectiva. “Llevo semanas durmiendo fatal por mis sofocos. Estoy agotada todo el dia. He pensado que durmamos separados al menos dos o tres noches por semana para ver si duermo mejor. No es un problema con nosotros, es un problema con mi sueno.”
Observa que ahi no hay acusacion. No es “tus ronquidos”. Es “mi sueno”. Eso baja la defensa del otro inmediatamente.
Si quien lo propone es el hombre, el mismo esquema: “duermo muy mal desde hace meses, quiero probar dormir en el cuarto de invitados unas semanas para ver si mejora”.
Los detalles practicos
Si podeis, que ninguno duerma en “el cuarto de invitados” como si fuera un castigo. Decoradlo como un dormitorio real de uno de los dos. Sabanas que le gusten, libros suyos en la mesilla, una lampara que le guste, una alfombra. Eso convierte la segunda habitacion en un espacio digno, no en un exilio.
Otra cosa util: establecer rituales de acompanamiento. Un cafe en la cama del otro los sabados por la manana, por ejemplo. Una noche a la semana que durmais juntos, si la temperatura y los sofocos lo permiten. Peliculas en el salon los viernes por la noche, pegados en el sofa. La intimidad sigue teniendo espacios diarios.
Los hijos adultos y los amigos
A los hijos adultos no tienes que dar explicaciones. Si notan que hay dos camas hechas, la frase correcta es breve: “papa ronca” o “yo tengo sofocos”. Rara vez preguntan dos veces.
Con los amigos, vas a encontrar dos tipos. Los que entienden y admiten que ellos hacen lo mismo (mas de los que crees) y los que se escandalizan y lo interpretan como una grieta. A los segundos, no hace falta justificarse. La vida de tu pareja no se audita en una cena.
Cuando si deberias preocuparte
Dormir separados no es un problema. Dormir separados y dejar de hablar si. Dormir separados y perder la sensualidad cotidiana, tambien.
Hazte una pequena autoevaluacion cada pocos meses:
- Seguimos buscandonos fisicamente, aunque con menos frecuencia que antes?
- Desayunamos juntos al menos cuatro dias por semana?
- Hablamos al menos una vez al dia sin que el movil este de por medio?
- Planificamos cosas juntos para dentro de tres meses?
Si a esas preguntas hay tres o cuatro si, no pasa nada. Duermes separada porque duermes mejor. Eso no es el fin de la intimidad. Es su reconfiguracion madura.
Una propuesta para esta semana
Si llevas tiempo sin dormir bien y tu pareja tampoco, prueba tres noches. No “a partir de ahora dormimos separados”. Solo tres noches, como un experimento. El viernes por la manana, comentadlo sin dramatismo. Habeis dormido mejor? Habeis echado algo de menos? Que ritual quereis inventar para que siga habiendo cercania?
La respuesta os dira mas que cualquier articulo.